Ir al gimnasio para entrenar puede convertirse en una experiencia incómoda cuando aparecen las miradas persistentes, los comentarios fuera de lugar o las invasiones del espacio personal. Para muchas mujeres, el acoso modifica la forma de usar las instalaciones y hasta los horarios que eligen para hacer ejercicio.
Un relevamiento difundido por Sport England, organismo público encargado de promover el deporte en Inglaterra, puso cifras a este problema: el 42% de las mujeres consultadas sufrió al menos un episodio de acoso sexual o intimidación en instalaciones deportivas. Entre las jóvenes de 16 a 24 años, la proporción llegó al 83%.
El informe, elaborado a partir de un estudio de la consultora Walnut con más de 900 participantes, también identificó cuáles son los sectores donde se concentran los incidentes y qué cambios adoptan las usuarias para sentirse más tranquilas.
La zona de pesas, uno de los espacios más incómodos
El 39% de los episodios reportados ocurrió en el área de pesas. Allí, algunas usuarias se enfrentan a comentarios no solicitados, miradas insistentes o personas que invaden su espacio mientras entrenan.
La incomodidad también tiene consecuencias en las rutinas. Según el relevamiento, el 76% de las mujeres afectadas modificó sus hábitos dentro del gimnasio. Entre los cambios aparecen elegir otros horarios, evitar determinados sectores o cambiar la ropa para entrenar con mayor tranquilidad.
Estas experiencias pueden limitar el acceso de las mujeres a espacios destinados a la actividad física y dificultar que sostengan sus rutinas. En particular, las más jóvenes aparecen como el grupo con mayor proporción de respuestas que señalan situaciones de intimidación.
Denunciar sigue siendo una dificultad
El estudio también detectó una distancia entre conocer los mecanismos de denuncia y utilizarlos. Aunque el 55% de las encuestadas consideró claro el procedimiento para informar un episodio, solo el 25% de quienes atravesaron una situación de este tipo presentó una denuncia formal.
La falta de información sobre las posibles sanciones y la incomodidad de contar lo sucedido ante el personal del establecimiento pueden influir en esa decisión. Por eso, las recomendaciones apuntan a que los gimnasios establezcan reglas visibles, expliquen cómo pedir ayuda y capaciten a sus equipos para intervenir ante conductas inapropiadas.
Entre las medidas sugeridas figuran códigos de conducta que prohíban el hostigamiento, las fotografías o grabaciones sin consentimiento y cualquier comportamiento que vulnere el espacio personal de otras personas.
Entrenar debería permitir que cada persona se concentre en su salud y sus objetivos. Para que eso ocurra, los gimnasios necesitan asumir una responsabilidad concreta: prevenir el acoso, escuchar a quienes lo denuncian y actuar cuando sucede.